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La obsesión por el "unfollow" en Twitter

El blog de marketing en español

Territorio Creativo

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¿Cómo ir más allá en la promoción de tu producto cuando eres el líder? HBO, productora de más de una, dos o tres series de éxito mundial ha optado por profundizar en la vinculación entre cliente y producto y a la vez hacer una exhibición de músculo creativo. El resultado es su nueva página promocional: HBO Imagine.

Su negocio consiste en vender historias, de modo que nos presentan una historia y, a la vez, nos sumergen en el trabajo de montaje de un capítulo. HBO Imagine muestra elementos de un corto (clips de vídeo y audio, recortes de prensa) organizados en red, de modo que el visitante puede verlos uno tras otro en el orden que su inteligencia o su voluntad le dicten.

La idea es prácticamente perfecta. La historia está contada al estilo de las series de intriga que han producido y, además, introduce una técnica narrativa que a buena parte de los visitantes les parecerá novedosa. Algunos cortos están filmados con cuatro cámaras de modo que resulta necesario rotar la escena para entender plenamente qué está ocurriendo. En este sentido, repiten el experimento de su campaña de 2007, Voyeur.

La clásica virtud de reforzar la asociación de la experiencia con la marca de las experiencias interactivas deja una profunda huella en el receptor. Han pasado media hora o más implicados profundamente en seguir una historia complicada. <La asociación entre HBO y series de calidad queda profundamente reforzada después de pasar por la página.

Vía | Brand Freak

 

Guy Kawasaki recoge una serie de errores comunes que convierten cualquier presentación en un fracaso. Dejando de lado la improvisación (que se puede hacer si se sabe) o la falta de preparación del tema, el error más frecuente en las presentaciones es no tener claro qué se quiere decir y a quién. Toda presentación tiene por objeto mostrar algo a alguien, de modo que ambas preguntas deben haber sido respondidas antes.

Nosotros y Guy Kawasaki prevenimos contra lo siguiente:

1.- No tener en cuenta el interés del público: Para transmitir un mensaje, antes que nada, tiene que haber una oreja dispuesta a escuchar. Dejando al lado el tono aburrido y la presentación plana, un error corriente es empezar directamente con algo aburrido y complejo. Mal.

Nuestro primer objetivo es relajar al público para que preste más atención y recuerde mejor lo que queremos decirle. El viejo truco de meter una broma o una anécdota al principio que tantas veces hemos escuchado funciona.

2.- Ser horriblemente exhaustivo: Una de la cosas que más detesto cuando tengo que escuchar a alguien es la frase “y ahora voy a hablar de…”. Suele coincidir con presentaciones aburridas en las que el que habla tiene más bien poco interés en lo que dice. No me interesa que me anuncien lo que van a decir dentro de cinco segundos, ¡me interesa oírlo!

Por otra parte, ni siquiera las conferencias de física nuclear tratan de agotar un tema. Generalmente, se trata de que el oyente se haga una buena idea general de lo que queremos contarle y se lleve algún retazo de mayor complejidad para investigar por su cuenta o lanzarnos en el turno de preguntas.

3.- Insultar a la inteligencia del oyente: El proyector y las presentaciones a lo Keynote son una herramienta fantástica para ayudar al hablante, no un bloc de notas en color. Una de las cosas que me más me irritan son aquellas personas que directamente te leen la presentación en tus narices (vamos, que no se lo trabajan nada). La charla termina siendo una clase de lectura de tercero de EGB. Casualmente, este tipo de charlas suelen ser agotadoramente aburridas y el hablante suele repetirlas allá donde le pagan. Uno se queda con la sensación de que al tío le daba igual lo que pensaras.

Seguro que cada uno tenemos nuestro top tres de fobias en las presentaciones, ¿se os ocurre alguno?

Vía | Open Forum

 

Eres una pequeña marca de bikinis de California. ¿Cómo hacer que hablen de ti con el mínimo coste? La respuesta es la de siempre: con una buena idea y los Social Media. 1690 Swimwear ha dado con su propia receta: Bikini Cinema.

La idea consiste en tres modelos recitando algunos de los fragmentos más famosos de tres películas de culto: Star Wars, Pulp Fiction y El Gran Lebowski. De esta manera, la marca logra varias cosas a la vez. Los cortos captan la atención al instante: una chica en bikini recitando algo con unos papeles en la mano no es algo muy habitual.

A los pocos segundos, y gracias al rótulo que nos da la pista de la película, el receptor logra situar el diálogo y entonces sonríe: las chicas lo hacen bastante mal, pero se trata de eso y de pasar un buen rato. El guiño y la originalidad de la idea mantienen la atención hasta el final, de modo que el rótulo de la marca queda expuesto durante los dos minuto del spot. Barato y rápido.

Aunque parece que no lo tenían en mente (no hay ningún botón para enviar el vídeo a nadie en su página), la idea tiene cierto potencial de viralidad. Al darse cuenta de ello, montaron una cuenta en YouTube con los vídeos. A pesar de todo, no estoy muy seguro de si la idea hace más gracia a hombres que a mujeres. Y serán estas las que compren los bikinis a fin de cuentas.

Vía | Illegal Advertising

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Seth Simmons y Kris Kolvin señalan dos aspectos interesantes sobre las fotos que un veterano empleado de un Starbucks de Florida tiene en su página de Flickr. Entre ellas, el chico saca fotos de los culos de las clientas, criticando su carencia de materia agarrable o considerando estúpidos los textos promocionales de la marca.

Sin llegar al extremo de los vídeos de Domino’s Pizza, dudo que nadie en Seattle esté contento si llega a ver estas fotos. Seth Simmons, que al parecer se encontró con estas fotos por casualidad, se toma una pequeña venganza personal con Starbucks y explica que no les ha pasado el enlace vía Twitter porque se sintió ignorado hace un par de días cuando se quejó por la tardanza de un café a su cuenta de Twitter (lo cierto es que Starbucks le respondió por el mismo canal).

A partir de ahí, Kris Kolvin se lanza a ofrecer sus servicios como formadora para empleados y explicarles cómo tratar en su vida social – mediada la marca para la que trabajan. En el fondo, propone algo tan etéreo como explicarles a los empleados que no deben poner en mal lugar la imagen de su empresa en cualquier momento de sus vidas, ya que se suponen que siempre la están representando.

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Si hace unos días nos referíamos al poder de la narración para fomentar el recuerdo, hoy presentamos una variante. El hecho de que seguir un orden estándar en las historias que contemos, permite que el mensaje sea recibido con más facilidad, seguir la historia con mayor fluidez. Sucede que gracias a esta facultad de la mente, nuestra atención se dispara en el momento en que el guión no encaja.

Cualquier incoherencia en nuestro mensaje publicitario abrirá un portal de unos segundos de duración en el que nuestra mente dedicará toda su atención a “entender” por qué lo que estamos contemplando no es como esperábamos que fuera. Es un proceso inconsciente que el receptor apenas puede controlar.

Un buen ejemplo es el anuncio francés de agua mineral que encabeza estas líneas. Parece una historieta cómica corriente: el padre de familia se queja por el novio que la hija va a traer a cenar a casa. Un primer elemento incoherente pero al que estamos ya acostumbrados es el hecho de que los personajes sean zanahorias. Desde que Walt Disney comenzó a sacar conejitos y cervatillos que hablan, ya casi nada nos sorprende en este sentido.

Pero el 2golpe de incoherencia” viene al final y carece de importancia que entendamos francés o no. El novio es un conejo. La falta de concordancia con el resto de la historia del hecho de que no sea una zanahoria se ve acentuada porque la especie elegida es ¡un conejo! ¡Los conejos comen zanahorias! ¡Dios mío! ¡¿Cómo es posible que esa tierna zanahorita coja del brazo a un conejo de largos incisivos diseñados para cortar vegetales con precisión mortal?! ¡¡¿¿Qué va a pasar??!! En el momento en que nuestra mente espera una tragedia, una voz en off nos recuerda que el agua mineral en cuestión “respeta el sabor de los alimentos” y “les deja casarse” (juego de palabras en francés).

La anécdota no tiene mucha gracia, pero, en cuanto apareció el conejo, varios millones de nuestras neuronas se dispararon tratando de encontrar una explicación al giro que la historia acababa de tomar. Bien empleada, la incoherencia puede ser una herramienta muy útil.

Vía | Lineboil

 

Dentro de los límites difusos a la hora de considerar qué tipo de anuncio puede generar rechazo, y por tanto perjudicar al cliente, hay una regla básica con la que hay que tener cuidado: el sufrimiento de otros. Los anuncios basados en el sexo o en hacer burla de la religión o la política pueden tener posibilidades de pasar, pero el público tiene una sensibilidad muy fina hacia aquellos que trivializan el sufrimiento ajeno.

Un par de búsquedas por Internet sobre qué anuncios han sido retirados o han generado polémica nos devuelven el sufrimiento, el sexo y la religión como temas principales. Pero, a diferencia de las coñas que se puedan hacer con el sexo o la religión (en las que, a fin de cuentas, es difícil ser original), sólo los anuncios que enfoquen mal el dolor generan una polémica duradera que puede (horror de horrores) perjudicar al cliente identificándolo a largo plazo con una emoción negativa.

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El bebé lleva horas llorando. Los padres no saben qué demonios le ocurre. Exasperada, la madre lo coge  por lo hombros y lo zarandea de atrás a adelante: “¡Cállate ya de una vez!”. La cabeza del bebé se bambolea con tal fuerza que su cerebro inmaduro se estrella contra las paredes del cráneo, causando lesiones en varias zonas. El cuello y otras vértebras se lesionan y, fruto de la presión intracraneana provocada por el movimiento brusco, aparecen hemorragias en la retina. Se conoce como síndrome del niño agitado y mata a varios niños cada año, además de dejar secuelas cerebrales de por vida en mucho otros ¿Podemos usar esto como reclamo publicitario para vender camisetas? ¿Es legítimo recurrir al humor en este caso?

Prueba viviente de que mi madre es fácil” o “Me van las tetas” son dos lemas que la marca de camisetas australiana Cotton On, especializada en poner lemas humorísticos  y polémicos en sus productos, sacó en julio pasado en su línea de ropa infantil y de bebé. Levantaron polémica, pero lo que llevó a la blogger Mia Freedman a protestar y convocar una campaña de protesta y boycott a la marca, fue la indiferencia de la marca a la queja de una de sus clientes por el siguiente slógan: “Me agitan”.

El error de Cotton On está claro y ya lo hemos tratado en varias ocasione: ningunear a una clientela con medios para hacerse oír y emplear los Social Media como mero canal publicitario. En horas, el “hashtag” “#cottononisick” (Cotton On es enfermizo) se hizo muy popular, y correos iracundos de madres y padres llovieron sobre la dirección de contacto de la empresa.

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La exclusividad de servicio para el iPhone de Apple fue un arma de doble filo para AT&T. Por un lado, recibe en torno a 2.000 dólares anuales de cada uno de sus clientes, pero, por el otro, el tráfico de datos ha colapsado sus redes, interrumpiendo el servicio en muchas ocasiones y dejando a miles de usuarios bastante molestos con su proveedor.

De modo que, en el mejor espíritu 2.0 (que no se diga…), lanzaron un vídeo reconociendo los fallos, explicando las razones y haciendo gala de un prometedor propósito de enmienda. El problema es cómo lo han hecho. Como bien indica Jackie Huba (y con los lectores que tiene su blog, la empresa empieza a tener un problema), las palabras “lo sentimos” no aparecen por ningún lado. De hecho, la impresión que “Seth, el bloguero” nos deja, es más bien la de autopromoción mal encubierta.

Si se trata de decirle a los clientes que entendemos y compartimos con ellos su irritación por el mal servicio que les hemos prestado, ¿a qué viene que nos cuenten cómo funcionan sus redes y que nos cuenten que es que somos demasiados clientes para sus redes? ¿Acaso no tendrían que haberlo previsto? Se trata de que han fallado en su prestación de servicio y, como cliente enojado, no me interesa su vida, sino el servicio por el que pago.

Creo que el razonamiento es sencillo para cualquiera que se ponga en la piel del cliente (lo que no es muy difícil dado que todos lo somos de alguien). Da la impresión de que hay cierta confusión en AT&T acerca de cómo dirigirse a los clientes y emplear los Social Media. Dudo que la agraviada clientela de AT&T reaccione positivamente. En el mejor de los casos, quedará indiferente.

Vía | Church of the Custumer

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